Psicopedagogía

Diagnósticos Psicopedagógicos para principiantes

Para todos los colegios y padres atender las Necesidades Educativas Especiales de los niños y jóvenes es un tema prioritario. Sin embargo, es innegable que requiere de tiempo y comunicación eficiente con los equipos multidisciplinarios que están involucrados en el proceso. Tener unas buenas bases que cimienten los apoyos que reciben los chicos de parte del colegio y los apoyos terapéuticos externos significan la diferencia para nuestros alumnos y su óptimo desarrollo.

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Las “modas” en los diagnósticos

Todos hemos escuchado de alguna persona cercana que se dice que tiene Trastorno por Déficit de Atención. Es el diagnóstico más popular en nuestros días. Casi todos nuestros pequeños en edad escolar, que presentan alguna dificultad en el aprendizaje, que son inquietos o demasiado extrovertidos, automáticamente decimos: “¡Ah!, tiene TDA” y de inmediato los metemos dentro de la caja de “TDA” y empezamos a tratarlos de manera diferente, e incluso, a medicarlos.

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La más popular es TDA (con y sin Hiperactividad), pero también escuchamos términos como Dislexia (y las mal concebidas como “hermanas” disgrafia, discalculia, etc), Asperger, Autismo, Trastorno oposicionista-desafiante, y otros con nombres rimbombantes.

Muchas veces estos diagnósticos son correctos y reales; están avalados por estudios médicos y pedagógicos que sustentan el desbalance orgánico característico de alguna condición; sin embargo, la gran mayoría de estos niños y sus padres, acuden con personas que no son especialistas y que no tienen la capacidad de emitir un diagnóstico acertado ni con validez. Esto representa un gran peligro para nuestra niñez: vamos mermando sus capacidades; ajustando los contenidos, los procesos o los ambientes de maneras en las que no necesariamente estamos ampliando y aprovechando el potencial de los alumnos; y que incluso, subestimando sus capacidades.

Pero, ¿y quién puede diagnosticar?

En la opinión de su humilde servidora, únicamente personal médico (Neurólogos y similares), psicólogos clínicos y de especialidad, así como Pedagogos con amplia experiencia Y con el aval de estudios clínicos y baterías psicométricas bien interpretadas. No cualquiera. No es trabajo simple o de intuición; es una ciencia.

La mala noticia es que hay bastantes charlatanes que venden sus servicios como si fueran especialistas y que sin tener conocimientos correctos, experiencia suficiente y ética, otorgan diagnósticos a los padres de familia que con las mejores intenciones acuden con ellos buscando su sabio consejo.

Aún más, estas personas (o incluso, grupos), ofrecen servicios que “curan” o controlan la sintomatología. Dan terapias, talleres, cursos y pláticas a aquellos niños que han diagnosticado con tal o cual moda y, aprovechan para perpetuar el cobro a sus clientes sacando provecho de una situación emocional de los tutores: la desesperación por tratar la condición de sus hijos.

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Es lamentable que esto suceda, sin embargo, es pan nuestro de cada día para los que nos dedicamos a la educación. Tenemos que ser testigos de cómo estas personalidades engatusan a los padres, los convencen de situaciones irreales y, les sacan dinero a diestra y siniestra. Algunas de ellas no se “suman” en el apoyo a las escuelas y trabajan su propia agenda.

La ayuda viene en camino

No todo es desolación, claro que hay maravillosas personas con suficiente experiencia y dominio de la materia para poder no sólo diagnosticar, sino generar estrategias integrales en pro del alumno. Saber reconocerlas puede ser un poco complicado, pero aquí les ofrezco unos “tips” para poder afilar nuestro colmillo a la hora de elegir un especialista que nos pueda apoyar con alguna situación que se nos esté presentando.

Los primeros detectores de “focos rojos” son los padres. Hay que confiar en nuestro instinto si creemos que algo no marcha bien con nuestros hijos; poner atención, estar pendientes de sus reacciones, de sus comportamientos, capacidades y, en dado caso, pedir ayuda.

Otro buen termómetro son las maestras y profesores de nuestros hijos. Estos héroes de tiempo completo tienen afinado el ojo para detectar situaciones que pudieran salirse de la normalidad y notificarlo a los padres. ¡Escúchalos! Muchas veces la misma escuela puede referir con especialistas que puedan ayudar a detectar si algo no marcha correctamente. ¡OJO! Los colegios NO son organismos diagnosticadores, ellos sólo pueden ayudar a identificar síntomas y evidencias que puedan dar luz para un especialista. La tarea de las escuelas es educar.

    1. Si eres padre de familia; confía en tu instinto, cerciórate que algo no va bien y trata de llevar un registro de tus observaciones y reflexiones. Acércate al colegio y haz preguntas. Si de tu escuela te mandan llamar, mantén la mente abierta y se receptivo. Si eres docente: reúne tus evidencias, se objetivo y comunícalo de la mejor manera a los padres. Recuerda, sus hijos son lo más sagrado: se sensible en cómo se transmite la información. Quizá lo que tengas que decir sea difícil de escuchar.
    2. Pide referencias, los colegios, tu médico de cabecera, tu pediatra pueden darte alguna recomendación para acudir con un especialista que pueda ayudar.
    3. Una vez que se seleccione el especialista: Acude a la cita inicial con toda la información recabada, no es momento de ser tímidos u ocultar información. Lo mejor es ser honesto y detallado. Típicamente, el especialista deberá tomar notas, llevar un registro de los datos que se le están dando y hacer preguntas sobre el desarrollo gestacional y madurativo del paciente así como su entorno familiar y cotidiano. Si no te hace estas preguntas…. cuidado.
    4. En algunos casos, puede ser que el especialista solicite estudios médicos, clínicos, de laboratorio o pruebas psicométricas varias. En el caso de éstas últimas, nunca se debe aplicar una sola prueba. Lo ideal es que el especialista utilice al menos un par de herramientas para validar sus resultados, para complementar. Para la aplicación de estas pruebas deben tener sesiones programadas con el niño; no puede ser a distancia. Si tu terapeuta te otorga un diagnóstico sin haber tenido contacto con el chico…. cuidado.
    5. Una vez concluidos los estudios, el especialista otorga un diagnóstico formal. Normalmente es por escrito y se da en otra cita que se solicita al padre o tutor. Un reporte completo y profesional deberá incluir, como mínimo, lo siguiente. Si algo falta…. cuidado.
      • Datos del paciente, nombre completo, fecha de nacimiento, fecha del reporte.
      • Antecedentes. Un párrafo que manifieste la situación de origen y la razón de la aplicación de pruebas o estudios.
      • Detalle de las pruebas aplicadas. Mencionar el nombre de las mismas y, en dado caso, los resultados obtenidos.
      • Diagnóstico. Nombrar la condición que se ha detectado, obviamente con el sustento de las pruebas o estudios correspondientes.
      • Tratamiento o sugerencias, algunas recomendaciones profesionales para poder iniciar el tratamiento (si fuera el caso).
      • Nombre del responsable, su título o certificación que avale su especialidad. Idealmente, deberá añadir algún dato de contacto.
      • Firma.

Valdrá la pena mencionar que es importante cuidar que la redacción y la ortografía sean impecables. Si encuentras varios errores de dedo, de “horrografía”…. cuidado.

De igual manera, si la redacción “echa culpas” a los padres, al colegio, si está de alguna manera haciendo ataques, sugerencias o comentarios negativos…. cuidado.

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Si como Maestro o equipo Psicopedagógico de un colegio reciben un documento o valoración que no cubra con estas características, te sugiero hablar con los padres de familia y hacerles ver que quizá no están siendo atendidos por alguien con experiencia y/o con la capacidad de ayudar de la mejor manera.

¿Qué sigue?

Muchas veces, los colegios solicitan que se realice un estudio o valoración para poder tener un punto de partida para las ayudas, las estrategias y las adecuaciones que sean convenientes. Una vez que se tiene un diagnóstico, es mucho más fácil poder generar planes integrales que se trabajen con distintos actores: los padres, los maestros y los apoyos externos.

Hoy por hoy la Secretaría de Educación Pública, reconociendo no nada más la necesidad de incluir personal especializado para poder atender las diferentes necesidades de las comunidades educativas, sino sus grandes beneficios, ha designado la obligatoriedad de contar con un equipo Psicopedagógico dentro de las instituciones educativas. Es ideal que las personas que conforman este departamento, tengan los conocimientos básicos sobre educación, psicología y se encuentren actualizados al respecto de los nuevos tratamientos, corrientes, estudios, valoraciones y apoyos que van surgiendo y que pueden ser útiles para la diversidad de diagnósticos que pueden presentarse en los alumnos en edad escolar.

Lo ideal es mantener una comunicación muy abierta con todas las personas que trabajan en pro de un chiquito o jóven que ya ha sido diagnosticado. Como padres de familia hay que compartir el diagnóstico con la escuela de nuestros hijos, y como Centro educativo, una vez que se recibe un documento que avale una condición, trabajar en conjunto con la familia y los especialistas para poder determinar lo que la institución puede (y no puede) hacer dentro del aula con el alumno para co-adyuvar a su tratamiento.

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En conclusión…

La tarea de educar a nuestros niños y jóvenes está íntimamente ligada con el compromiso y cariño profundo por sacar adelante a las nuevas generaciones ya sea con o sin un diagnóstico que comprometa sus capacidades o habilidades.

El trabajo en equipo entre casa y escuela es algo que se debe trabajar y nutrir desde el ingreso de los niños a la institución educativa; no es para dejar de lado u olvidar hasta que concluye el ciclo escolar y recibimos una boleta de calificaciones. Tanto colegio como familias deben procurar los acercamientos que beneficien el desarrollo y proceso de enseñanza-aprendizaje.

 

Mariana Resa Romo
Mariana cuenta con más de 20 años de experiencia en la Educación; ha sido docente de varios grados académicos que van desde la primaria hasta nivel universitario; ha dirigido equipos docentes de varios niveles y trabajado proyectos para certificaciones internacionales en distintos centros educativos. Mariana es capacitadora de docentes y padres de familia en temas de educación y desarrollo y le apasiona todo lo relacionado con la capacidad del ser humano para aprender y transformar de manera positiva su entorno.

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